La mayoría de los problemas de una integración no aparecen en el código, sino en lo que nadie preguntó antes de escribirlo. Un buen relevamiento define qué datos circulan, quién manda sobre cada uno y qué pasa cuando algo no sale como se esperaba.
Equipo Eudaimonia5 min de lectura
Pensemos en un pedido que entra por el ecommerce, se factura en el ERP y pasa al depósito. En el medio, alguien detecta que falta un dato de entrega y lo completa a mano. Si esa tarea no aparece en el relevamiento, la integración puede funcionar en las pruebas y dejar pedidos detenidos al entrar en operación.
Antes de discutir APIs y formatos, hay que seguir el recorrido del pedido y preguntar qué decisiones toman las personas que hoy intervienen. Esas respuestas definen qué debe hacer la integración y qué casos necesitan revisión humana.
Empezar por el proceso, no por la API
El primer paso es entender el recorrido completo de la operación tal como ocurre hoy, incluso si hoy es manual. Por ejemplo, para un pedido online:
¿Dónde se origina el pedido y qué datos tiene en ese momento?
¿Quién lo valida, lo factura, lo prepara y lo despacha?
¿En qué sistemas queda registrado cada paso?
¿Qué tareas hace hoy una persona que la integración va a reemplazar, y qué criterio aplica al hacerlas?
Este último punto es clave. Muchas veces una persona corrige datos, completa campos faltantes o decide casos dudosos sin que eso esté documentado en ningún lado. Si el relevamiento no lo detecta, la integración automatiza el camino feliz y deja sin resolver todo lo que antes se resolvía en silencio.
Definir quién es dueño de cada dato
Cuando dos sistemas comparten información, tiene que quedar claro cuál es la fuente de verdad de cada dato:
Stock: ¿lo define el ERP, el sistema de depósito o el ecommerce?
Precios y promociones: ¿se cargan en un sistema y se replican, o cada canal tiene los suyos?
Datos de clientes: ¿quién puede modificarlos y cómo se propagan los cambios?
Estado del pedido: ¿qué sistema informa que un pedido fue despachado o entregado?
Sin esta definición aparecen los problemas clásicos: dos sistemas que se pisan la información, cambios que se pierden porque otra sincronización los sobrescribió o diferencias de stock que nadie sabe explicar.
Mapear los datos y sus diferencias
Aunque dos sistemas manejen "el mismo" dato, rara vez lo representan igual. En el relevamiento conviene revisar:
Identificadores: cómo se relaciona un producto, un cliente o una sucursal entre sistemas. Un SKU puede tener un código distinto en cada uno.
Formatos y unidades: fechas, monedas, impuestos, unidades de medida, decimales.
Campos obligatorios: qué exige el sistema destino que el origen no siempre tiene.
Valores posibles: estados, tipos de documento, medios de pago o de envío, y cómo se traducen de un sistema a otro.
Este mapeo se convierte después en la especificación de las transformaciones y en la base para validar los datos antes de enviarlos.
Relevar reglas de negocio y escenarios alternativos
El flujo habitual no alcanza para definir la integración. También hay que decidir qué pasa cuando una operación se aparta de ese recorrido:
Un pedido que se cancela después de facturado.
Un producto que se vende sin stock porque la sincronización todavía no se actualizó.
Una entrega parcial, un cambio de dirección o una devolución.
Un cliente que no existe todavía en el sistema destino.
Para cada escenario hay que definir qué debería pasar: si la integración lo resuelve sola, si lo deja pendiente para revisión o si lo rechaza. Estas decisiones son de negocio, no técnicas, y conviene tomarlas con las áreas involucradas antes de construir.
Volúmenes, frecuencias y ventanas de tiempo
La misma integración se diseña distinto si procesa cien operaciones por día o cien por minuto. Algunas preguntas que definen la arquitectura:
¿Cuántas operaciones se procesan en un día normal y en un pico, como un evento de ventas o un cierre de mes?
¿La información tiene que viajar en tiempo real o alcanza con sincronizaciones periódicas?
¿Hay ventanas en las que un sistema no está disponible, como procesos nocturnos o mantenimientos?
¿Qué límites de uso tienen las APIs de los sistemas externos?
Con estas respuestas se decide si conviene una integración sincrónica, basada en eventos o por lotes, y si hace falta una cola intermedia para absorber picos.
Restricciones de los sistemas involucrados
No todos los sistemas ofrecen las mismas posibilidades. En el relevamiento revisamos qué mecanismos expone cada uno (APIs, webhooks, archivos, acceso a base de datos), qué documentación existe, cómo se gestionan las credenciales, si hay ambientes de prueba disponibles y quién es el interlocutor técnico de cada proveedor. Descubrir a mitad del proyecto que un sistema no tiene ambiente de pruebas, o que un cambio en su API requiere semanas de gestión, afecta directamente los plazos.
Acordar cómo se va a operar
Una integración en producción necesita responsables. Antes de construirla conviene definir:
Quién recibe las alertas cuando algo falla y quién puede reprocesar una operación.
Qué información necesita el equipo operativo para consultar el estado de un pedido sin depender del área técnica.
Cómo se van a conciliar los datos entre sistemas y con qué frecuencia.
Un diagrama del flujo de punta a punta, con los sistemas y áreas que intervienen.
La definición de la fuente de verdad de cada dato compartido.
El mapeo de campos, identificadores y valores entre sistemas.
La lista de escenarios alternativos con la respuesta acordada para cada uno.
Volúmenes esperados, frecuencias y restricciones técnicas de cada sistema.
Responsables de operación, alertas y reprocesamiento.
Con esta base, el equipo puede construir y probar también los casos que no siguen el recorrido habitual. Si la operación cambia, queda claro qué decisión hay que revisar y con quién.
Consider an order placed through an ecommerce site, invoiced in the ERP, and sent to the warehouse. Along the way, someone notices a missing delivery detail and fills it in manually. If that task is overlooked during assessment, the integration may pass its tests yet leave orders stuck in production.
Before discussing APIs and formats, follow the order’s journey and ask what decisions people currently make. The answers define what the integration must do and which cases require human review.
Start with the process, not the API
First understand the operation from end to end as it works today, even if it is manual. For an online order, ask:
Where does the order originate, and what data does it have at that point?
Who validates, invoices, prepares, and ships it?
Which system records each step?
Which tasks does a person perform today that the integration will replace, and what judgment do they apply?
That last point is crucial. People often fix data, complete missing fields, or resolve ambiguous cases without documenting any of it. If the assessment misses this work, the integration automates only the happy path and leaves unresolved everything that used to be handled quietly.
Decide who owns each piece of data
When two systems share information, the source of truth for each value must be clear:
Stock: is it defined by the ERP, warehouse system, or ecommerce platform?
Prices and promotions: are they entered in one system and copied elsewhere, or does each channel maintain its own?
Customer data: who can change it, and how are changes propagated?
Order status: which system reports that an order was shipped or delivered?
Without these decisions, familiar problems emerge: systems overwrite each other’s data, changes disappear after a synchronization, or stock discrepancies have no clear explanation.
Map the data and its differences
Even when two systems handle the “same” data, they rarely represent it identically. Review:
Identifiers: how a product, customer, or branch is matched across systems. A SKU may have a different code in each.
Formats and units: dates, currencies, taxes, units of measure, and decimal precision.
Required fields: what the destination requires that the source does not always provide.
Allowed values: statuses, document types, payment and shipping methods, and how they map between systems.
This mapping becomes the specification for transformations and the basis for validating data before sending it.
Identify business rules and alternative scenarios
The usual flow is not enough to define an integration. Decide what happens when an operation takes another path:
An order is canceled after invoicing.
A product sells without stock because synchronization has not caught up.
There is a partial delivery, address change, or return.
A customer does not yet exist in the destination system.
For each scenario, decide whether the integration resolves it automatically, leaves it pending for review, or rejects it. These are business decisions, not technical ones. Make them with the departments involved before building.
Volumes, frequency, and time windows
An integration processing a hundred operations a day needs a different design from one processing a hundred a minute. Architecture depends on questions such as:
How many operations occur on a normal day and at a peak, such as a sales event or month-end close?
Must information move in real time, or are periodic synchronizations sufficient?
Are there times when a system is unavailable, such as overnight processing or maintenance?
What usage limits apply to external APIs?
The answers help determine whether synchronous, event-driven, or batch integration is appropriate and whether an intermediate queue is needed to absorb spikes.
Constraints of the systems involved
Not every system offers the same options. Assess the mechanisms each exposes—APIs, webhooks, files, database access—the available documentation, credential management, test environments, and the technical contact for each provider. Discovering halfway through the project that a system has no test environment, or that an API change takes weeks to arrange, directly affects the schedule.
Agree on how it will be operated
A production integration needs owners. Before building, decide:
Who receives alerts when something fails, and who can reprocess an operation.
What operations staff need to see an order’s status without depending on the technical team.
How and how often data will be reconciled between systems.
An end-to-end flow diagram showing the systems and departments involved.
The source of truth for each shared piece of data.
A mapping of fields, identifiers, and values across systems.
A list of alternative scenarios and the agreed response to each.
Expected volumes, frequencies, and technical constraints for each system.
Owners for operations, alerts, and reprocessing.
With this foundation, the team can build and test cases beyond the usual journey. If the operation changes, it is clear which decision to revisit and with whom.
Integraciones y automatización operativa
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